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Una tercera se
otorgó el 4 de agosto de 1248, aunque es posible que no se llegase a
extender el correspondiente documento de propiedad:
“A Ramón
Español, cinco jovades en Benixamar, y unas casas allí
mismo. 4 de agosto”.
Hay
constancia de la existencia de una cuarta
concesión:
“A
Pere Ballester, y a sus seis compañeros, tres jovades de tierra a
cada uno en Beneixama”.
A
juicio de J.L. Pons y J.J. Puig, la alquería de Beneixama tendría un
núcleo urbano muy reducido. Estaría delimitada por la acequia, el
“Assagador”, el camí de Caudet, y la actual
avenida de Ramón y Cajal. La población estaría rodeada por algún
tipo de cerca, y al lado de la torre estaría la única puerta de
entrada. A las afueras del pueblo se encontrarían algunas casas
ubicadas al lado de la acequia6.
La población catalano-aragonesa
que se asentó en Beneixama en 1248, tuvo unos primeros años, hasta
1276, de continuo crecimiento y desarrollo. El rey Jaume I intentó
en sucesivas ocasiones, consolidar definitivamente la frontera
meridional, con la llegada de nuevos colonos. Hay dos hechos
bastante significativos que van a marcar el futuro de estas tierras.
Por un lado, la firma del Tratado de Almizra
(1244), y también, la conquista de Biar (1245). El
tratado lo firmaron las coronas de Castilla y Aragón con el fin de
delimitar las tierras que quedarían para cada una de ellas, después
de finalizar la conquista. La toma del castillo de Biar, suponía el
fin de la expansión de los catalano-aragoneses, que habían puesto
límites a su expansión un año antes con la firma del pacto de
Almizra.
Abundan los documentos
y pergaminos medievales en relación con nuestra población. La
primera mención de la torre de Beneixama (ahora en proceso de
reconstrucción), la encontramos en un documento fechado en el año
1254, concretamente en un documento típico de aprobación de cuentas.
En otro escrito de mayo de 1262 se habla otra vez de la misma
fortificación. El documento versa sobre la aprobación de las cuentas
presentadas por Arnau de Montsó de las rentas de los castillos y
villas de Almizra y de Benixamar. No obstante, los
escribanos del siglo XIII no solían distinguir la torre del resto de
la alquería de Beneixama, y se refieren al conjunto de la misma,
torre y viviendas como un todo homogéneo. Anteriormente, en 1258, se
dio un solar a Ximén Pérez de Foces en “la alquería de Beneixama”, y
el 26 de septiembre de 1259, Jaume I encargó a Juan Sánchez de
Tudela que recogiera las rentas de Beneixama y de todos sus términos
para ayudar a saldar la deuda que la Corona tenía contraída con él.
Así mismo, el 15 de abril de 1261, el monarca concedió a Gil Sánchez
de Alagón las rentas del castillo de Almizra y del lugar de
Beneixama. Abunda la documentación medieval en estos años centrales
del siglo XIII. El monarca está empeñado en consolidar la tierra de
frontera, y además, tiene que hacer concesiones de renta a ciertos
señores por falta de dinero en las arcas reales. Los castillos y
alquerías son custodiados, defendidos y arrendados a caballeros que
pudieran hacerse cargo de ellos. A cambio percibían las rentas de
los mismos.
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